sábado, 9 de enero de 2010

¡Y se hizo la luz!

En la penumbra de la noche solitaria, bajo la mirada atenta de la luz de una vela, quien no ha imaginado todo un mundo lleno de color y fantasía, donde nada ni nadie puede interferir en el devenir de nuestros más intimos pensamientos, que son al fin y al cabo el motor de nuestra vida en todo cuanto hacemos y deseamos. Mirarla fijamente es mirarnos a nosotros mismos sin sentir la presión del reflejo de la realidad presente, dejando libre nuestra mente y nustro corazón para que así puedan aflora todo nuestro ser a esa superficie en la que somos tan vulnerables por ser en si mismo una realidad impuesta y en la mayoría de las ocasiones tan poco deseada.